Palacio Nacional comenzó a llenarse antes de las once. Por uno de los accesos fueron llegando gobernadores, integrantes del gabinete, legisladores, empresarios, dirigentes sindicales y representantes de distintos sectores. Los nueve ministros de la Suprema Corte caminaron juntos desde el edificio contiguo. También estaban invitados representantes de pueblos originarios y figuras del deporte y la cultura. En el Patio de Honor, unas 300 personas esperaban el momento en que la Presidenta saliera del despacho presidencial.

Entonces apareció Claudia Sheinbaum, vestida de morado, y el ambiente cambió. Ya no era la espera de los invitados: era el inicio formal de una mañana que había preparado durante semanas. La Presidenta avanzó hacia el lugar reservado para ella, recibió los honores a la bandera como titular del Ejecutivo y comandante suprema de las Fuerzas Armadas, y después tomó el micrófono.

No comenzó hablando de una crisis ni de los pendientes. Comenzó hablando de rumbo. “México camina por el rumbo de la prosperidad compartida”, dijo. Y enseguida puso sobre la mesa una de las ideas que atravesaría todo el mensaje: los recursos públicos son del pueblo y deben utilizarse para su beneficio. Después llegaron los números: 149 mil millones de pesos más de recaudación al cierre de agosto respecto al mismo periodo del año pasado y un salario mínimo que, según su reporte, ha crecido 154 por ciento en términos reales desde 2018.

Pero el momento en que el informe dejó de sentirse como un balance contable llegó cuando habló de quienes reciben directamente los programas sociales. 42.8 millones de personas, dijo, estarán cubiertas al cierre de 2026, con una inversión de un billón de pesos. Ahí aparecieron los adultos mayores, las mujeres de 60 a 64 años, las personas con discapacidad y los jóvenes. La cifra era enorme, pero detrás de ella estaba la apuesta política que Sheinbaum quiso defender: que el bienestar debe convertirse en un derecho y no en un programa pasajero.

Más adelante habló de escuelas, hospitales y de una infraestructura que busca dejar huella más allá del segundo año de gobierno. Mencionó 156 mil nuevos lugares para educación media superior, 33 nuevos hospitales, 650 quirófanos habilitados y una expansión de la atención médica en los estados incorporados al IMSS-Bienestar. El discurso iba pasando de los números nacionales a espacios que, en teoría, deberán terminar convertidos en aulas, camas, consultas y oportunidades concretas.

La seguridad cambió nuevamente el tono. Sheinbaum colocó frente a los invitados uno de los datos que más quería presumir: 51 por ciento menos homicidios dolosos respecto al inicio de su administración. Traducido por la propia Presidenta, son 44 homicidios menos cada día. Julio, aseguró, registró el promedio diario más bajo en 11 años. En un país donde la violencia ha marcado buena parte de la conversación pública, ese número funcionó como uno de los principales argumentos para defender el trabajo de su gobierno.

Y cuando parecía que el informe había recorrido ya sus grandes cifras, llegó el momento político.

Sheinbaum habló de Estados Unidos y de las dificultades que han acompañado la relación bilateral. No levantó la voz, pero sí marcó una frontera. “Cooperación no significa sometimiento”, dijo. México, explicó, quiere diálogo, entendimiento y colaboración; pero eso no significa renunciar a sus principios. Después pronunció una de las frases más contundentes de la mañana: “la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”.

El cierre volvió la mirada hacia dentro. Ante quienes hablan de fracturas en la Cuarta Transformación, la Presidenta respondió: “Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. Para entonces, el informe ya no era solamente el recuento de lo ocurrido durante dos años; era también una declaración sobre cómo quiere ser leído su gobierno: con resultados, con continuidad y, sobre todo, con un discurso de soberanía frente al exterior.

En el Patio de Honor quedaron atrás las sillas, los invitados y el protocolo. Sheinbaum había llegado vestida de morado y se fue después de poco más de una hora dejando sobre la mesa tres palabras que terminaron dominando la mañana: resultados, rumbo y soberanía. Los números fueron muchos; los momentos verdaderamente importantes, menos. Y quizá por eso, entre tantos datos, lo que terminó resonando con más fuerza fue una definición política: México puede dialogar, puede cooperar, pero —según dijo la Presidenta— no está dispuesto a someterse

Boletín Informativo

Mantente al día y únete a la comunidad

© 2025. Derechos reservados Vive Guanajuato.

Privacy Preference Center