El sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa y prevenible mediante vacunación, ha vuelto a emerger con fuerza alarmante en la región de las Américas. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en lo que va del 2025 se han confirmado 7,132 casos y 13 muertes, lo que representa un incremento de 29 veces respecto al mismo periodo del año anterior.
Entre los países más afectados destacan Canadá, México y Estados Unidos, donde los brotes han alcanzado cifras no vistas en más de tres décadas. En México, se reportan ya 2,597 casos y 9 muertes, principalmente en niñas y niños de entre 1 y 4 años, así como adolescentes no vacunados. En Estados Unidos, los casos han superado los 1,200, y se ha encendido la alerta nacional ante la posibilidad de perder el estatus de país libre de sarampión, alcanzado en 2000.
“La mayoría de los contagios se están registrando en personas no vacunadas o con esquemas incompletos, lo cual refleja los graves rezagos derivados de la pandemia por COVID-19”, advirtió la OPS en un reciente informe.
La reducción en las tasas de vacunación tras la pandemia, sumada a la desinformación y a la creciente desconfianza en las vacunas, ha creado el escenario ideal para el resurgimiento de esta y otras enfermedades prevenibles como la fiebre amarilla, la difteria o la polio.
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🛑 El impacto regional y global
La situación en América forma parte de una tendencia global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 10 millones de personas contrajeron sarampión en 2023, con más de 107,000 muertes. Esta tendencia ascendente podría agravarse en los próximos años si no se refuerzan las estrategias de vacunación.
En EE.UU., el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ha advertido que el país enfrenta su brote más grave desde 1992. Texas y Nuevo México concentran la mayoría de los casos, muchos de ellos en comunidades con baja cobertura vacunal.
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📢 Llamado urgente a la acción
Frente a este panorama, los organismos internacionales de salud hacen un llamado urgente a los gobiernos, al personal médico y a la sociedad en general para:
• Reforzar las campañas de vacunación infantil con cobertura superior al 95 %.
• Aplicar esquemas de recuperación en niños, adolescentes y adultos sin historial vacunal comprobable.
• Combatir la desinformación sobre las vacunas a través de educación pública basada en evidencia.
• Fortalecer la vigilancia epidemiológica y la respuesta rápida ante nuevos brotes.
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🤔 Una reflexión necesaria
Que una enfermedad como el sarampión —casi erradicada hace décadas— vuelva a poner en jaque a los sistemas de salud nos obliga a reflexionar profundamente sobre las consecuencias del olvido, la desinformación y la inacción. Las vacunas no solo protegen a quien las recibe: salvan comunidades enteras.
Cada caso, cada muerte prevenible, nos recuerda que la salud pública es un esfuerzo colectivo. En tiempos donde circulan enfermedades nuevas y resurge lo que creíamos controlado, la vacunación no es una opción: es una responsabilidad ética y social.





