Dick Cheney, quien ejerció como vicepresidente de los Estados Unidos entre 2001 y 2009, falleció este lunes a los 84 años debido a complicaciones de neumonía y enfermedades cardíacas y vasculares, según informó su familia.
La familia del político republicano expresó en un comunicado: “Por décadas, Dick Cheney sirvió a nuestra nación… Fue un gran y buen hombre que enseñó a sus hijos y nietos a amar nuestro país, y a vivir vidas de valor, honor, amor, bondad y pesca con mosca. Estamos inmensamente agradecidos por todo lo que hizo y fuimos más que bendecidos de haber sido amados por este noble gigante de hombre.”
Cheney, nacido el 30 de enero de 1941, en Lincoln, Nebraska, se consolidó como una de las figuras más influyentes y también controvertidas de la política estadounidense moderna.
Antes de ocupar la vicepresidencia, desempeñó diversos cargos: estuvo al frente del Departamento de Defensa durante la presidencia de George H. W. Bush y luego se convirtió en el vicepresidente de George W. Bush, marcando su mandato por la expansión de la autoridad del Ejecutivo en materia de seguridad nacional tras los atentados del 11 de septiembre.
Su estado de salud era delicado desde hacía años: había sobrevivido a múltiples infartos —al menos cinco— y en 2012 había recibido un trasplante de corazón.
La reacción al fallecimiento no se hizo esperar. El expresidente George W. Bush lo recordó como “un hombre decente, honorable… recordado como uno de los mejores servidores públicos de su generación”.
El legado de Cheney vivirá en la memoria de la política estadounidense: sus decisiones durante el “war on terror” y su papel como estadista tendrán un impacto que seguirá siendo objeto de análisis e interpretación por muchos años.





