El ejército de Ucrania confirmó el 11 de julio haber llevado a cabo un ataque con drones contra una fábrica de aviones MiG en Lukhovitsy, al sureste de Moscú, y una instalación de producción de misiles en la región de Tula, provocando explosiones y múltiples incendios.

Según el Ministerio de Defensa ucraniano, la operación se realizó durante la madrugada y refleja una estrategia diseñada para desmantelar la capacidad militar rusa desde su base industrial. Se emplearon drones de largo alcance, resultado de desarrollos nacionales, capaces de alcanzar objetivos ubicados a más de 135 km dentro del territorio enemigo.

Las autoridades rusas informaron que derribaron 155 drones entre la noche del jueves y la mañana del viernes, incluyendo varios que se dirigían hacia Moscú. También confirmaron al menos una persona muerta y otra herida como consecuencia del atentado en la región de Tula.

Este ataque marca una escalada significativa en el conflicto, pues representa un salto estratégico: Ucrania ahora ataca instalaciones clave dentro del corazón del territorio ruso, lo que podría presionar aún más al Kremlin, sede del poder político en Rusia y residencia oficial del presidente, para replantear sus operaciones militares y su estrategia defensiva.

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