Cada 15 de septiembre se enciende con ímpetu el colorido y poderoso espíritu mexicano, la patria se viste de verde blanco y rojo reflejando orgullo de lucha y valor.
Colores esparcidos entre vestimenta, comida y adornos que decoran a todo el país, se hacen presentes con premura y anticipación para la gran celebración. Vibran desfiles, matracas y silbatos, las calles se llenan de danzas y fiesta.
Baila la bandera ondeante, recordándonos que la esperanza (verde), la unidad (blanco) y la sangre heróica de quienes lucharon por la libertad (rojo), nos construyen como una comunidad sólida que se abraza de un águila real posada en un nopal, que devora una serpiente, entre encino y laurel, donde el listón tricolor resalta con fuerza.
Familias y amistades reunidas para degustar la sabrosa y representativa gastronomía mexicana, el pozole en sus diferentes presentaciones, al igual que el esperado chile en nogada, ambos diseñados con los colores de la bandera, tamales de diversos sabores e ingredientes, tostadas, pambazos y cochinita pibil, acarician el paladar azteca cada 15 de septiembre.
En punto de las 11 de la noche, el “Grito de Dolores” es pronunciado para conmemorar y recordar a los héroes de nuestra nación, que lucharon fervientemente por nuestra independencia. Ya sea en Palacio Nacional, plazas, restaurantes o casas, los aplausos cubren al país con un grito energético de batalla y remembranza, acompañado de fuegos artificiales que cubren el azul cielo azteca.
Hoy celebramos ese día que marcó un hito en la historia de nuestro México, una fecha impregnada de simbolismo, que llama a la sociedad a festejar y valorar el porqué de tal lucha, cantando orgullosamente nuestro legendario Himno Nacional, y enfatizando así, que la patria gritó y seguirá gritando.





