La administración del presidente Donald Trump anunció el 27 de agosto la destitución de Susan Monarez como directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), a menos de un mes de haber sido confirmada por el Senado. Su salida marca el periodo más breve en la historia de la agencia de salud pública más importante de Estados Unidos.

Monarez, de 50 años, fue la primera titular del CDC en pasar por un proceso de confirmación en la Cámara Alta, donde defendió la importancia de las vacunas y de la investigación científica. Antes había sido directora interina desde enero y contaba con experiencia en organismos como ARPA-H, el Departamento de Salud y el Consejo de Seguridad Nacional.

De acuerdo con medios estadounidenses, su destitución obedeció a diferencias con la línea política de la administración Trump y del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. Se reporta que Monarez se negó a revertir aprobaciones de vacunas contra la COVID-19 y a cesar a altos funcionarios de la institución, lo que generó fricciones con la Casa Blanca.

Tras su despido, al menos cuatro altos funcionarios del CDC, entre ellos Debra Houry y Demetre Daskalakis, renunciaron en protesta, acusando que la ciencia estaba siendo desplazada por intereses políticos. La agencia, además, enfrenta recortes de personal y tensiones internas en plena reconfiguración de su política de vacunación.

Los abogados de Monarez cuestionan la legalidad de su remoción, ya que al tratarse de una funcionaria confirmada por el Senado, solo el presidente podría destituirla formalmente. Mientras tanto, expertos advierten que esta crisis amenaza con debilitar la credibilidad del CDC en un momento de desinformación sobre vacunas y retos en la salud pública global.

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