Ciudad de México, 28 de julio de 2025 – El sobrepeso y la obesidad en la infancia no solo representan un problema metabólico, sino también un riesgo serio para el desarrollo cerebral. Así lo advierte un estudio realizado por el Laboratorio de Neuropsicología y Cognición de la Facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuyos hallazgos preliminares revelan alteraciones significativas en funciones cognitivas esenciales en niñas y niños con exceso de peso.
De acuerdo con el Boletín UNAM-DGCS-497, los infantes con obesidad y sobrepeso presentan retardo en la sensación de gratificación, dificultades en cognición social, pobre autorregulación emocional, menor flexibilidad cognitiva, toma de decisiones desfavorable y bajo control inhibitorio. Estas afectaciones fueron observadas en un estudio aplicado a 73 niñas y niños de entre 7 y 12 años, que participaron en evaluaciones mediante la plataforma EFECS, diseñada para medir funciones ejecutivas y cognición social.
La investigación, en la que colaboran Karla García, Dalia Rodríguez, José Luis Rodríguez y Maura Jazmín Ramírez Flores, también encontró que los menores con obesidad tienen un desempeño menor en memoria de trabajo verbal, aunque destacaron en memoria de trabajo visual. Esta diferencia podría estar relacionada con las características de los alimentos que consumen, según estudios previos.
El análisis mostró además un alto componente familiar: 90.9 % de los niños con sobrepeso u obesidad tenía padres o hermanos con adiposidad, y 40.9 % de ellos se percibían con exceso de peso. Solo el 35.5 % de los niños con peso normal reportó tener familiares con sobrepeso. A pesar de estas cifras, el 71.4 % afirmó realizar actividad física fuera del horario escolar.
Durante la conferencia “Niñas y niños con obesidad y sobrepeso ¿Hay cambios en el cerebro?”, la doctora Ramírez Flores destacó que en la infancia el cerebro está en una etapa crítica de desarrollo y consolidación de procesos como la memoria de trabajo, el juicio y la planificación de metas. Estas funciones, agrupadas bajo el término de funcionamiento ejecutivo, dependen de la maduración de la corteza prefrontal, que ocurre de forma diferencial durante los periodos de 3 a 5 años y de 13 a 26 años.
La investigadora también citó datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estima que aproximadamente 37 millones de niñas y niños de entre 3 y 5 años tienen sobrepeso a nivel mundial; en el grupo de 5 a 19 años, la cifra asciende a 390 millones con sobrepeso y 160 millones con obesidad.
En el contexto mexicano, el Instituto Nacional de Salud Pública (ENSANUT Continua 2020–2022) reportó un alto consumo de botanas, dulces y bebidas azucaradas en menores: más del 50 % de los preescolares consume estos productos, y el 83 % ingiere bebidas endulzadas; esta cifra llega al 95 % en niños en edad escolar.
Finalmente, otro estudio citado, realizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, encontró que 69.3 % de las madres y 27.9 % de sus hijos presentaban sobrepeso u obesidad, mientras que 13.8 % de las madres y 8.3 % de los menores mostraban signos de adicción a la comida, lo que sugiere la influencia de patrones familiares o conductas aprendidas en casa.
Estar informado para accionar
Este estudio de la UNAM aporta evidencia contundente sobre cómo el sobrepeso y la obesidad infantil pueden comprometer no solo la salud física, sino también el desarrollo cognitivo y emocional en etapas clave del crecimiento. Combatir estos padecimientos implica mucho más que modificar la dieta: es necesario repensar hábitos familiares, promover una educación alimentaria temprana y fomentar entornos que favorezcan el desarrollo integral de la niñez. Hacer conciencia sobre el impacto neurológico del exceso de peso debe convertirse en una prioridad de salud pública.





